
“Bufón y dos mujeres bañándose” Grabado de Hans Sebald Beham
Vienna
Los lectores habrán conocido en más de una ocasión a bufones de toda índole. Nos centraremos en esos personajillos que se prestaban -y se siguen prestando- a rendir pleitesías al más poderoso a cambio de una modesta manutención. Aunque no sólo se dedicaban a ofrecer grotescos espectáculos para el divertimento del rey y su corte.
Algunos bufones incluso han llegado a tomar verdadera importancia en la historia, formando parte en variadas conspiraciones y guerras, sobrepasando en valor a los más ilustres caballeros. Cabe destacar como ejemplo a Stanczyk. Un hombre de gran inteligencia, un artista satírico con un conocimiento formidable de la situación política por la que pasaba su nación. Pero éste no será el caso que pasaremos a retratar con algunas pinceladas.
El bufón español que nos ocupa, ha sido caracterizado en las pinturas de Velázquez, en obras como “El niño de Vallecas” o “El Bufón de Calabacillas“. En un artículo de opinión del escritor Francisco Umbral sobre el pintor sevillano encontramos descripciones muy acordes con lo que pudo pasar por la cabeza del genio: “Se decide espontáneo a pintar la espontánea vida, los monstruos humanos, deformes y meninas, harapos del vivir, que son la otra verdad de las cosas”.
Soy consciente que no llego a la lucidez de Velázquez, pero la idea de esbozar en palabras la trayectoria del bufón pinteño por antonomasia, es una tarea que me rondaba por la cabeza hacía tiempo.
Nuestro bufón pinteño encandiló al público con hermosas palabras, con fabulosas estadísticas que ensalzaban su título nobiliario como revolucionario de pro. Era un peculiar revolucionario, carente de esa “arcaica” ideología marxista, pero poseía una enigmática imagen montando en bicicleta.
Con bufonadas y sin definir sus postulados, logró una posición privilegiada entre los bufones de la corte. Era el candidato perfecto, un ser apolítico, ni de derechas, ni de izquierdas. Esa imagen de persona bondadosa y amable fue alimentándola su afanado escribano. La causa lo requería. El bufón debía huir de las disciplinas de partidos, pues había que proyectar en la sociedad la idea de un cambio de gobierno. “Más que promesas”, rezaba su eslogan.
Pero sus intenciones eran de más calado, había que procurar un gobierno “más a la derecha”. Y llegó la derecha al poder abrazando amorosamente a este bufón. Fue un momento emotivo en el municipio que se rompió cuando el bufón decidió cambiar de amos y orquestar sus bufonadas desde la otra orilla. Tenía razón el señor Umbral cuando describía a esos enanos monstruosos: “está brindando a reyes y cortesanos un espejo y una lección, pues que ellos van de mejor ropilla, pero son tan caedizos, monstruizables y feos como sus «hombres de placer», o sea de ingenio, risa, diversión y vacación grotesca.“
Una cosa debemos agradecerle a este bufón, nos ha mostrado que los grandes partidos son tan feos y ridículos como él. Háganme caso amigos lectores. La próxima vez olvídense de proyectar su mirada hacia estos bufones apolíticos. Si hay alguna posibilidad de acabar con este libertino bipartidismo y que su voz tenga una representación más digna en este municipio, tal vez el secreto esté en dar su voto a Fausto. Pero ¿quién se atreverá a depositar la confianza en un ser que ha vendido su alma a un diablo rojo? Sólo lo harán los más concienciados y valientes, que son “los menos”. Como siempre.