
Guy Montag
Dicen que hay una enorme diferencia entre los hombres y los ratones.
Unos, valientes, toman las riendas del destino y hacen frente a las adversidades con honor y respeto a la palabra dada. Otros, escurridizos, se esconden tras las palabras y los votos, y se defraudan hasta a sí mismos, enfermos de tanto ser profetas de nada o vendedores de su propia alma por un suculento patrimonio.
Pinto, este Pinto nuestro que tanto y tanto cansa, está más poblado de ratones que de hombres. Y muestras de ello llevamos teniendo, a pesar de los intentos de confianza y optimismo, demasiados años ya.
Si nos limitamos a revisar el comportamiento de nuestros representantes, vergüenza da tal nivel de representación. Prefiero el exilio o la anarquía, antes que seguir cargando con la tremebunda pena de tener como tales a esta panda de frívolos y descerebrados lanzadores de huevos.
Seamos claros. Todos sabemos bien quien ha montado el espectáculo del pregón. Y es deprimente que los que tanto se quejan por haber perdido el gobierno y tanto ansían recuperarlo, no tengan mas armas que la demagogia de alcantarilla, las tanganas y la violencia. Se les olvida la premisa fundamental de la convivencia: la violencia nunca está justificada y nunca consigue nada. Pero ellos, envalentonados, hacen discursitos de niño de primaria y retan al gobierno a verse en la calle.
Pero es que los otros están perdiendo el norte. Yo entiendo que es mejor casar a Maestre y mandarlo a las Madeira o donde sea con tal de no dejarlo de alcalde en funciones. Pero si Penit quería retirarse como gran estadista pinteño lo va a hacer como el primer izquierdista del pueblo que contrata esquiroles en vez de solucionar un problema de los trabajadores.
Y ante esta caterva de ratonzuelos rampantes, me pregunto si quedan hombres que sean capaces de poner ideas y trabajo sobre la mesa. Y me importa ya poco que sea en uno u otro partido, mientras mantengan una mínima línea moral de defensa contra el capitalismo y contra el conservadurismo ese tan rancio y tan españolista que sigue teniendo adeptos casposos por aquí.
Pido un mínimo. No héroes, ni literatos, aunque aprecie la buena prosa y los buenos discursos. Pido simple y llanamente hombres y mujeres decentes.
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