
El fusilamiento de Torrijos (1888), de Antonio Gisbert.
Desde el pasado 5 de octubre se pueden visitar en el Museo del Prado las nuevas 12 salas que acogen pinturas del siglo XIX que no estaban accesibles al público.
Para José Luis Díez, responsable de las colecciones del XIX del Prado, se pone fin a un éxodo, un destierro de más de un siglo. En 1896 salieron las obras del XIX del edificio de Villanueva, con dirección al Museo de Arte Moderno. En 1971 se trasladaron al Casón del Buen Retiro, pero una década después muchas obras se descolgaron por la llegada del «Guernica». En 1992 salió la pintura de historia y, desde 1997, debido a las interminables obras en el Casón, todo el XIX permanecía oculto, con la excepción, hace dos años, de la exposición en las salas de Moneo con la que se inauguró la ampliación del museo.
El nuevo espacio se inicia con un homenaje a María Isabel de Braganza, impulsora del Museo, inaugurado en 1819, un año después de su muerte. Podemos ver a la segunda esposa de Fernando VII y reina consorte retratada por Bernardo López. Además de diversos retratos de Goya o Vicente López, destacan en esta sala las esculturas neoclásicas de José Alvárez Cubero, que siguen la estela marcada por el italiano Canova. También destaca por su gran formato La Muerte de Viriato, jefe de los lusitanos (1807) de José de Madrazo.
No menos interesantes son las salas dedicadas al romanticismo, en el que destacan los paísajes del pintor escocés David Roberts. También atraerán la atención del visitante los espacios dedicado a Fortuny y a Sorolla.
En cuadros de gran formato descubriremos a personajes históricos, como el príncipe Carlos de Viana (magistralmente imaginado por José Moreno Carbonero), Juana La Loca, Isabel la Católica o Torquemada (en La Expulsión de los Judíos, del pintor alicantino Emilio Sala). Los amantes de Teruel o las hijas del Cid son muestra de la recuperación decimonónica y romántica de nuestro acervo literario.
Impresiona sobremanera el lienzo de grandes dimensiones El fusilamiento de Torrijos, de Antonio Gisbert. La composición debe conmover a cualquier amante de la libertad. Encargado por el gobierno de Sagasta “para servir de ejemplo de la defensa de las libertades a las generaciones futuras”, la obra recrea magistralmente el fusilamiento del general Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, tras ser traicionados por el gobernador de esta provincia.
Aunque nos olvidamos de mencionar muchos otras obras y autores que merecerían ser destacados (como Rosales, por ejemplo), lo mejor es desplazarse al Museo y recorrer tranquilamente esta nueva sección de uno, sin duda alguna, de los mejores museos del mundo.
Más información:
| Visita Virtual a las nuevas salas, en la web del Museo del Prado
| El Prado pone fin al destierro de la pintura del XIX, que ha durado más de un siglo, en ABC.
| Sobre El fusilamiento de Torrijos, de Antonio Gisbert, en ArteHistoria.
| El fin de un destierro, en El Norte de Castilla.