Jose María Muñoz Ortego
La gran mayoría de los ciudadanos de Pinto no pudo acudir ayer por la mañana al Pleno Ordinario de Abril. Hace varios meses el alcalde, Juan José Martín Nieto, decidió cambiar la hora habitual de celebración, las siete de la tarde del último jueves de cada mes, pasándolos a las diez de la mañana. El motivo aducido era el intorelable comportamiento de un sector del público asistente. Dos plenos habían terminado con el desalojo general y la sesión a puerta cerrada.
Si es cierto que, desde la moción de censura, un número importante de seguidores del PP se han dedicado a interrumpir, alborotar e incluso a insultar e intentar agredir a algunos concejales del Tripartito. Por otro lado, los trabajadores municipales y la misma Policía Municipal han sido quienes han perturbado más gravemente el normal funcionamiento de las sesiones.
En todo caso, resulta inconcebible, que ante la incapacidad de hacer cumplir la ley, de hacerse respetar, la respuesta o solución sea perjudicar a la gran mayoría de ciudadanos que seguían con interés y con respeto absoluto el desarrollo de los plenos. La falta de contundencia de los policías municipales, incapaces en varias ocasiones de desalojar a señoras mayores sin educación y ancianos fuera de sí, y la escasa mano izquierda y nula diplomacia del Presidente del Pleno, han agravado la situación.
Los partidos políticos también son responsables de que muchos ciudadanos se vean privados de algo que es fundamental y que recoge el reglamento de Participación Ciudadana, el derecho a la información y a conocer cómo se desarrolla la vida política que afecta a su municipio. La estrategia del PP y de su “público” buscaba más titulares, han sido incapaces de transmitir tranquilidad y sosiego a sus “fans”. En muchos casos, además, les han alentado. Miriam Rabaneda, en lugar de dar muestras de inteligencia política, se ha dejado arrastrar por esta táctica en cierto modo “tremendista”. Es posible que los réditos electorales la beneficien o no, pero el deterioro de la convivencia y de la normalidad democrática puede volverse en su contra cuando ella ocupe la presidencia.
El gobierno Tripartito debería replantearse la medida, o buscar al menos medias nada costosas pero que permitan a los vecinos acceder a lo sucedido en la institución que los representa a nivel local (se pueden leer los plenos transcritos pero no tan inmediatamente, sino al cabo de semanas). Europa apunta a la sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnologías de la información. Basta con subir a Youtube o a cualquier otro sitio de internet los videos o audios de los plenos. No es ni difícil ni costoso. Sería un avance que los ciudadanos dispusieran de la posibilidad de seguir los debates y las votaciones que se producen y que les atañen muy directamente. Nuestros políticos podrían también verse de nuevo y quizás aprender a corregir errores de forma, de exposición, de saber estar y mejorar su capacidad de prestar su servicio a la ciudadanía. Porque muchas veces esto tan básico, el hecho de que son servidores y que, además, deben de dar “ejemplo”, se les olvida.
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