Mireia Martín
Enrique Blay es diplomado en psicología del desarrollo, Diplomado, Grado Superior y Especialista en “Anatheóresis” por Joaquín Grau y la Bircham Internacional University. Además es experto en flores de Bach, dietética y alimentación naturista e hipnosis. Es miembro de la Plataforma Pro Derechos del Nacimiento y realiza una intensa labor de divulgación a través de ARA Terapia de Barcelona.
Enrique Blay es psicoterapeuta. Su trabajo se centra en la importancia de la creación del vínculo afectivo con los hijos, lo que necesita de manera imprescindible de la comprensión de sus necesidades afectivas. Conociendo las consecuencias negativas para los niños de la manera en la que nuestra sociedad atiende la gestación, el nacimiento, el sueño, el llanto, la lactancia, la afectividad y en general, la crianza de los niños, trabaja para ofrecer a los padres pautas para una manera diferente de atención en la que los vínculos afectivos y las necesidades naturales sean respetados.
¿Existe en el bebé intraútero una vivencia emocional?
Sí. El bebé intrauterino tiene grandes capacidades perceptivas y todo lo que percibe, puesto que sus mecanismos de interpretación transforman toda la información en sentimiento, se traduce en emociones. El ser humano, desde que es concebido y hasta los dos años de edad, se rige por la Percepción Emocional.
A partir de los dos años se inicia el desarrollo de la Percepción Racional, que no prevalecerá hasta los 12 / 14 años de edad. Este es el hecho más importante para comprender el mundo emocional de bebés y niños y la clave para plantear cualquier tipo de relación y comunicación con ellos.
¿Existen evidencias científicas de ello?
Respecto a las capacidades perceptivas del bebé intrauterino, hay dos canales de percepción bien investigados:
El primero es el inherente a los órganos de los sentidos que se van desarrollando a lo largo de la gestación: vista, gusto, tacto, olfato y oído. En concreto la capacidad auditiva del bebé intrauterino se ha mostrado intensa. No solo respecto a los sonidos internos de la madre, incluida su propia voz, si no también respecto a los sonidos externos. Hay reacciones muy diferentes de un bebé intrauterino, cuando en el ambiente suena música rock o música clásica.
También se ha demostrado la capacidad del bebé intrauterino de memorizar esos sonidos. Así, hay bebés que, una vez nacidos, reaccionan delante de la música de una serie de televisión que su madre seguía con asiduidad o el caso del músico que tocaba de “oído” las notas de las partituras que su madre, también músico, había interpretado cuando lo llevaba en su seno.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, a través de la sangre materna que el bebé recibe por el cordón umbilical, que contiene sustancias como neurotransmisores u hormonas, que producen en el bebé las mismas reacciones que en la madre.
Por ejemplo una de las hormonas del estrés, la adrenalina, que en la madre produce aumento del ritmo cardíaco, de la presión arterial, tensión, ansiedad, etc. produce exactamente lo mismo en el bebé. O por el contrario las endorfinas, que en la madre producen tranquilidad, bienestar y paz, que actuarán de la misma manera en el bebé.
Además, en mi opinión, hay otros dos canales de percepción, que si bien no tienen la “evidencia científica”, tal como se interpreta en su significado más académico, gozan de la suficiente evidencia experimental y vivencial, para hacer indiscutibles su validez:
Hablo de la percepción que permite al bebé conectar con lo que piensa, lo que siente, su madre. Canal denominado “Percepción Extrasensorial” porque está fuera de los canales de percepción que otorgan los órganos de los sentidos o la fisiología. También podríamos llamarlo, desde la visión de las diferentes energías que conforman el cuerpo humano “Percepción Energética” ya que es capaz de percibir las energías de pensamientos y sentimientos de su madre e interactuar con ellos.
Y, además, el más sutil de los canales, el de la “Percepción Espiritual”, basado en la visión transcendental del ser humano. El bebé, como Ser de Luz, en tránsito por la experiencia de la materia, en conexión con el Ser Interior de su madre. Un sentir más allá del tiempo y del espacio, expresado en el ahora.
¿Las emociones del bebé no nacido tendrán influencia en su vida futura?
En las últimas décadas se ha ido situando cada vez más atrás en el tiempo, el momento del inicio del desarrollo psicológico. Hasta hoy, en que tanto las investigaciones en neurología como en psicología, llevan a la conclusión de que el desarrollo psicológico se inicia desde el mismo momento de la concepción.
Sobre una base genética, heredada de los padres, que supone una “tendencia” conductual específica a cada individuo y del desarrollo fisiológico particular en cada individuo, las experiencias vividas moldean el cerebro. El cerebro es influido directamente por las experiencias a causa de la denominada “plasticidad neuronal”, por la que directamente se modifican las estructuras cerebrales, dejando huellas profundas e imperecederas en su arquitectura.
En un momento en que, literalmente, el cerebro se está construyendo en sus cimientos, como es en la gestación, nacimiento y primera infancia, es fácil deducir la importancia que tienen las experiencias tempranas en la formación del carácter y la personalidad.
En el centro ARA de psicología, junto a la psicóloga Ángela Suárez, hemos tenido la fortuna de trabajar durante años con una psicoterapia regresiva para adultos, en que, entre otras cosas, se lleva a la persona a vivenciar, ver y sentir hechos acontecidos dentro de su madre, naciendo y en su primera infancia. Esto nos ha permitido tener, de viva voz y en directo, lo que puede gratificar o dañar a un bebé o a un niño en su desarrollo psicológico en esas épocas de su vida.
A través de la base teórica que sustenta esta psicoterapia, pero especialmente a través de nuestra experiencia clínica, podemos afirmar que en la gestación, nacimiento y primera infancia se encuentran las raíces de lo que de adultos nos gratifica o por lo contrario nos altera, enferma o desarmoniza.
¿Cómo puede la mujer embarazada comunicarse con su bebé?
De hecho, haga lo que haga la madre, con los canales de percepción del bebé que hemos comentado, siempre va a haber comunicación entre ambos. Esto nos da la medida de lo importante que es el estado emocional de la madre, de sus pensamientos, de sus sentimientos hacia su bebé. Podemos decir que si la madre está triste, su bebé también lo estará. Si la madre está feliz, así estará su bebé.
La madre puede comunicarse con su bebé de forma consciente hablándole, cantándole, mentalmente a través de sus pensamientos, con el tacto poniendo sus manos en el vientre. La relajación y visualización es una potente herramienta de comunicación entre madre y bebé y viceversa, pues el bebé también es capaz de comunicarse con su madre.
Hace años se me ocurrió que, si a través de una relajación, la madre gestante se situaba en ritmos cerebrales Theta, que conllevan el estado de percepción emocional, sería como mover el dial de una radio hasta sintonizarla con su bebé.
Lo puse en práctica con madres gestantes y la realidad desbordó mis expectativas. En estado de relajación la madre gestante entraba en una comunicación total con su bebé, que permitía transmitirle con toda la intensidad emocional, la alegría por ser su primer hogar y el amor que sentía por él. Unido a diversas visualizaciones, la situación se convertía en una experiencia de una gran carga emocional.
Mi gran sorpresa fue comprobar que no solo la madre se comunicaba con su bebé, si no que también este lo hacía con su madre, mental y emocionalmente. Como curiosidad, algunas madres “percibieron” el nombre con el que sus bebés querían ser llamados.
¿Cuál es el papel ideal del padre durante el embarazo?
El papel del padre tiene dos vertientes. Por un lado, sabiendo la importancia del estado emocional de la madre, que el bebé percibe, debe procurar que su pareja se sienta apoyada, comprendida, mimada, en una palabra, amada.
Por otro lado, conociendo las grandes capacidades perceptivas del bebé intrauterino, en concreto las auditivas, el padre puede iniciar el vínculo afectivo hablando a su hijo sobre el vientre de la madre, acariciándolo, enviándole sus mejores pensamientos de amor y cariño.
¿Hay datos confirmables sobre la posibilidad de esta comunicación?
Se han hecho experimentos en que se demuestra que el bebé, una vez nacido, reconoce la voz de su padre entre la de otros hombres y se calma más en sus brazos que en los de otro.
Para el hombre supone una nueva forma de implicarse en la vivencia paternal, desde la concepción de su hijo.
¿Y cuál debería ser su papel en los primeros años de vida de un niño?
El padre tendría que continuar en la dirección de que su pareja se sienta completamente amada, pues su estado emocional sigue siendo fundamental respecto al estado emocional de su bebé, y aquí se incluye el respeto a las pautas de crianza que la madre adopte, como la lactancia, el colecho, la atención del llanto.
¿Y en cuanto al niño?
Respecto a su hijo, vivir una paternidad intensa. Besarlo, abrazarle, bañarlo, cuidarlo, jugar con él, dedicarle tiempo de calidad. En los primeros años se asientan los lazos afectivos y las formas de comunicación.
¿Qué siente un bebé cuando nace?
En el momento de nacer, el bebé es un ser humano completo, con la particularidad de su Percepción Emocional. Es decir, capaz de percibir todo lo que sucede y de transformarlo en sentimientos, en emociones.
El bebé ha estado nueve meses en el paraíso, flotando en el líquido amniótico, percibiendo el amor de su madre, protegido y alimentado sin ningún esfuerzo. De repente, es “expulsado”, a través de un oscuro y estrecho camino a un mundo exterior y desconocido.
¿Influirá su nacimiento en su psique?
Tanto la vivencia del proceso de nacimiento como la forma en que es acogido al nacer, dejarán una profunda huella en su psique. Una huella que incluye la percepción del mundo al que surge, un mundo agradable, pacífico, acogedor, afectivo, amoroso o, por el contrario, un mundo desagradable, violento, agresivo, doloroso. Una percepción que nos acompañará el resto de nuestras vidas.
¿Cómo debería ser el nacimiento ideal de los bebés?
El nacimiento es una experiencia emocional intensa, tanto para la madre como para el bebé. Lo que siente la madre lo siente el bebé y por lo tanto nos podríamos preguntar en primer lugar, cuál es la mejor forma de afrontar el parto para que suponga una vivencia emocional gratificante para la madre, y por resonancia para su bebé.
Aquí hay suficientes evidencias científicas, para afirmar que el mejor parto es el que el Dr. Michel Odent denomina “parto mamífero”, que podríamos definir que es el que no tiene intervenciones externas y deja que sean los propios cuerpos de la madre y del bebé lo lleven a buen término. Dejar actuar lo que él describe como “cóctel de hormonas”.
Sus experiencias e investigaciones demuestran, que un parto sin intervenciones, permite vivencias emocionales positivas, incluso placenteras, aunque en nuestra cultura sea hoy en día tan difícil aceptar la relación parto y placer.
¿Qué prácticas habría que evitar al recibir un bebé en el mundo?
Deberíamos preguntarnos cuál es la mejor forma de recibir al bebé en su nacimiento. Sobre todo es muy importante no cortar el cordón umbilical antes de que deje de latir. El bebé, en el momento del nacimiento, tiene las vías respiratorias llenas de líquido amniótico y el oxígeno que necesita para vivir le llega a través del cordón umbilical. Cortarlo antes de que el bebé pueda respirar por sí mismo es llevarle a la asfixia.
¿Y qué prácticas habría que fomentar?
Lo que debe hacerse es colocar inmediatamente al bebé en el pecho de la madre y esperar que el cordón umbilical deje de latir por sí mismo. La naturaleza es sabia y esto sucede en cuanto el bebé puede respirar por sí mismo.
Es fundamental que el bebé recién nacido y en las horas posteriores, permanezca junto a su madre sin ser separado de ella. Colocar al bebé recién nacido junto a su madre provoca la segregación final del cóctel de hormonas, como la oxitocina, la hormona del amor, relacionada con el placer y el apego, endorfinas (morfina endógena) y prolactina que previene hemorragias, promueve el desprendimiento de la placenta y pone en marcha los mecanismos de la lactancia.
En las pocas ocasiones en que un nacimiento respetado, mamífero, presente dificultades que pongan en riesgo la salud de madre y bebé, dificultades usuales en los partos intervencionistas, disponemos de una fantástica medicina que soluciona el problema. Bienvenidas las cesáreas “necesáreas” puesto que salvan vidas de bebés o madres. Rechacemos la cesáreas “innecesarias” que ponen en riesgo innecesario a madres y bebés.
Actualmente se sabe que un parto natural, mamífero, no intervencionista, es la forma más segura y más saludable de experimentar un nacimiento, tanto para la madre como para el bebé, tanto a nivel físico como psicológico.
Las emociones que sienten los bebés en el momento del nacimiento o sus experiencias desde el útero con su padre dejarán huella. Si sufren podran sanar emocionalmente, pero sin la más mínima duda, darles el mejor nacimiento posible, rodeados de amor y respeto, sin violencias innecesarias ni separaciones, serán la base de un desarrollo psicológico lleno de paz y feliz.
¿Qué es la etapa primal?
La etapa primal se refiere a la época primera o primaria en el ser humano, incluyendo la gestación y nacimiento. En cuanto a su término hay diferentes opiniones. Bajo mi punto de vista la época primal debería considerarse, como mínimo, hasta los 2 años de edad. Hasta esa edad la percepción es puramente emocional y es entonces, en la época preverbal, cuando se inicia la conquista de la Percepción Racional, que durará hasta la pubertad.
¿Es tan importante esta etapa para el desarrollo emocional futuro?
La etapa primal es el período donde se construye nuestra forma de ser más profunda, nuestros mecanismos psicológicos más íntimos, nuestro carácter, que nos acompañará el resto de nuestra vida.
¿Se puede afirmar que hay trastornos afectivos y psicológicos que provienen de la etapa primal?
Todos aceptamos que cualquier alteración en el increíble proceso de multiplicación celular, que convierte la unión de un óvulo y un espermatozoide en el cuerpo de un bebé al nacer, o cualquier problema de salud en el nacimiento o en la primera infancia, puede tener consecuencias, más o menos graves, en el resto de su vida. Pues igual sucede con el desarrollo psicológico, que se inicia en el momento de la concepción.
¿Le afectará entonces durante toda su vida lo que le pase en la etapa primal?
En la etapa primal el bebé y el niño pueden tener experiencias emocionales negativas, traumáticas, que, grabadas en su inconsciente, marquen su carácter el resto de su vida.
Hoy podemos afirmar que, en la historia de cada persona, los hechos acontecidos en su gestación, nacimiento e infancia, serán más importantes para ella, que lo que le pueda acontecer el resto de su vida.
¿Qué es el alimento afectivo y en que puede perjudicar su limitación?
El concepto “alimento afectivo” lo utilizo en contraposición al alimento nutriente. A nadie se le ocurriría dejar que un bebé o un niño pasen hambre. Necesitan proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales, vitaminas, etc., para que su cuerpo crezca y se desarrolle adecuadamente. De la misma manera, para el desarrollo psicológico armónico, equilibrado, el bebé y el niño necesitan de alimento afectivo: protección, afecto, cariño, amor. A nadie se le debería ocurrir dejar que un bebé o un niño no se sientan intensamente amados. Insisto, igual de importante el alimento nutriente como el alimento afectivo para su salud integral.
¿Cómo se le da a un bebé o a un niño ese alimento emocional que tanto necesita?
Para otorgar alimento afectivo a bebés y niños tenemos efectivas herramientas: la lactancia, la atención al llanto, el colecho y el contacto físico.
Háblanos un poco de cada uno de ellos.
Sobre la lactancia hay que decir que es indiscutible que la leche materna es el mejor alimento para el bebé, tanto a nivel nutriente, como inmunológico y como afectivo. La lactancia ofrecida a demanda y prolongada en el tiempo, aporta al bebé y niño seguridad y afecto.
También es importante tener en cuenta la atención del llanto. Un bebé (igual que un niño o un adulto) utiliza el llanto como forma de expresión de sufrimiento, ya sea éste físico o emocional, ya sea por hechos actuales o pasados (por ejemplo, el estrés emocional del nacimiento puede necesitar tiempo para disolverse), o como expresión de una necesidad.
Negar atención al bebé que llora es negarle su identidad, destruir su confianza, bloquear su expresión emocional, iniciarle en la sumisión y, en suma, provocarle un sufrimiento innecesario con consecuencias presentes y futuras.
Otro recurso que aporta alimento emocional al niño es la práctica del colecho. Hay que destacar que el ritmo de sueño en los bebés no es un aprendizaje, igual que no lo es respirar o hacer la digestión, sino una progresiva adaptación natural en su proceso de desarrollo. Lo más común es que el bebé se despierte cada dos o tres horas a lo largo de la noche, ya sea por hambre, por molestias o por necesidad de sentirse acompañado.
El colecho, junto a la lactancia, facilita satisfacer estas demandas. Le otorga al bebé una gran seguridad y confianza, le hace sentirse atendido y protegido.
Y por último no olvidemos el gran valor del contacto físico. El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Mucho antes de que un niño pueda comprender las palabras comprende el tacto.
¿Entonces afirmas que a un bebé le daña dormir solo o que no lo tomemos en brazos cuando lo pide o cuando llora?
Cada bebé y cada niño son diferentes y necesitarán y expresarán necesidades diferentes. Ahora bien, el llanto del bebé es siempre una expresión de que necesita algo. Si tiene frío o calor tomaremos las medidas necesarias para resolverlo; si tiene hambre, le daremos de comer; si está enfermo, le daremos medicinas; entonces, ¿porqué si lo que necesita es nuestro afecto, nuestros brazos, nuestras caricias, no lo hacemos?
Publicado originalmente en el Blog Bebés y Más

He leído la entrevista y me ha parecido muy interesante. Estoy esperando a mi quinto bebé y me encantaría ponerme en contacto con Enrique Blay. ¿Tenéis algún correo electrónico o alguna web de él?
Muchas gracias.
Muchas gracias Mireia tomo nota de los blogs de Enrique Blay y a ver si puedo contactar con él.
Mis cuatro hijos han nacido en casa en partos maravillosos y diferentes como diferentes son ellos, pero en este embarazo tengo especial interés en poderme comunicar con el bebé mientras esté en mi utero. Había oído hablar de ello y estoy convencida de que es posible, pero yo sola no se como hacerlo….Además cualquiera consigue relajarse en mi casa, con la compañía que tengo.
Un cordial saludo.