Jose María Muñoz Ortego
En noviembre de 2009 se celebró el primer pleno matinal. La medida fue tomada por el anterior edil, el socialista Juan José Martín Nieto, quien fue incapaz de controlar el normal desarrollo de las sesiones y decidió trasladar la hora de los plenos, perjudicando a la mayoría de los ciudadanos, que no participaban del ambiente circense creado tras la moción de censura que en diciembre de 2008 había desalojado a la popular Miriam Rabaneda.
En ese primer pleno matinal, Miriam Rabaneda acusaba a Martín Nieto de “cambiar los horarios de los Plenos para dificultar la asistencia de los vecinos, que son los garantes además de la opinión pública”. Ahora la alcaldesa, con mayoría absoluta, se ha olvidado de esta dificultad y su partido esgrime una serie de absurdas excusas para facilitar el desarrollo de los plenos por la tarde. Se habla de conciliación de la vida laboral (tratándose de una tarde al mes suena a broma). Otro pretexto es el descanso de los vecinos. Si terminan muy tarde no dormirán bien para ir a trabajar a la mañana siguiente. La lógica a veces no es el fuerte de algunos de nuestros políticos. Si trabajan por la mañana, lo que no podrán es nunca asistir a los plenos y escuchar las sandeces argumentativas que a veces se profieren durante los mismos.
¿Por qué esta extraña negativa de los populares a facilitar ahora la asistencia de los vecinos? ¿Ya no son éstos los “garantes de la opinión pública”? Quizás en el fondo subyace una manera muy concreta de entender el desarrollo de la actividad política. Los populares lo primero que han hecho ha sido despojar al pleno de competencias, ganando opacidad en su acción de gobierno y restando herramientas de control a los ciudadanos. Todo ello bajo el manto de una supuesta mayor eficacia.
La coherencia de Miriam Rabaneda deja mucho que desear en la forma y en el fondo. En el aspecto formal resulta bochornoso que no silencie las ovaciones de su grey, mientras calla y permite los insultos a concejales de la oposición y a otros asistentes que demandan los plenos por la tarde. Quizás el PP no sea consciente de la escasa o nula diferencia entre su actual forma de gobernar y las pretéritas. Los despidos y contrataciones en Aserpinto o la increíble versatilidad multidisciplinar de los nuevos cargos de confianza son una muestra de lo que no se debería hacer. Es preocupante, respecto al fondo, que de una manera tan altiva e irreflexiva, nuestra alcaldesa se olvide tan pronto de sus propias palabras. Por eso se las recordamos aquí de nuevo, una vez más: “cambiar los horarios de los Plenos para dificultar la asistencia de los vecinos, que son los garantes además de la opinión pública”.
